Pelein
no es un pleb corriente. A diferencia del resto de su pueblo, es
un noble. Su padre, Glatior, es Gobernador de Cratia, la mayor y más poblada
ciudad de la región que lleva su nombre.
Sus
ambiciones personales, para disgusto de Glatior, se alejan de suceder a
su padre en el gobierno. Sabe que La Fe, encarnada por el Sumo Pontífice,
es quien detenta el control real de toda la población, y que el
papel de su padre se limita en realidad a supervisar la extracción
de mineral de rubinio, así como la entrega puntual de niños
sanos al Convoy de La Leva que periódicamente pasa por cada
reducto habitado de Cratia. El poder de la Milicia que comanda es incomparablemente
menor al de la Legión sacerdotal.
Esta
certeza, junto al progresivo descreimiento que fue experimentando hacia
La Fe, lograron que la distancia entre Pelein y el resto de su familia
se acrecentara. Hasta que por fin, después de un primer intento
que se saldó con un retorno deshonroso, Pelein abandonó las
comodidades de palacio a cambio de una vida nómada como espada de
alquiler y gladiador deportivo, viviendo del resultado de sus ganancias
en las apuestas de innumerables circos improvisados.
La
libertad, el inconformismo y la búsqueda constante del placer, son
el verdadero motor en la vida de Pelein de Cratia.
Polmar
es uno de los hermanos de Pelein y el siguiente en la línea de sucesión
a Glatior. A diferencia de Pelein, e influido profundamente por su
madre, sus dudas ante La Fe no existen. Respeta y admira a su hermano,
pero no comparte su tendencia atea. Tras el regreso de Pelein después
de su primera fuga, las disputas en materia religiosa fueron una constante
entre ambos.
La
ida definitiva del mayor, aunque muy lamentada por Polmar, abrió
un camino para el que jamás se sintió preparado. Nunca deseó
para sí las responsabilidades de un cargo, y ya se había
acomodado a un destino entre los sacerdotes de La Fe, cuando los deseos
de su padre se interpusieron en los suyos.
Sin embargo,
su juventud e inexperiencia, antes que ser un lastre, en muchas ocasiones
consiguieron ponerse de su lado, no así la arrogancia natural que
demostraba siempre que la ocasión se lo permitía.
La
perpetua búsqueda de certezas en un mundo que se empeña en
humillarlo, es la principal meta de su existencia.
El
Sumo
Sacerdote de Cratia es Caesius Túmenox. Su ascenso desde los
Monjes
Negros no fue tan claro como él hubiera querido, y hay quien sospecha
que su mano está detrás de las continuas enfermedades y padecimientos
que atormentaron los últimos días de Ignatius Jano,
su antecesor en el cargo.
Sea
como fuere, suya es la espada de la Legión y el espíritu
de su rebaño. Sólo un hombre, Glatior, podría hacerle
sombra desde su reducto en Cratia, capital de toda la región que
lleva su nombre, pero este peligro ha quedado definitivamente conjurado
gracias a una inesperada burla del destino.
La
devoción inquebrantable a La Fe, su profunda ambición y sus
vehementes deseos de ganarse la aquiescencia de Los Dioses, hacen de este
hombre un instrumento perfecto del poder.
Reciben
el nombre de Cratia tanto la Provincia Dinástica (una de las quince
Regiones Productoras del planeta), como su principal ciudad y capital.
Cratia,
la Región Productora, está situada en lo que antaño
se denominó Hispania, hacia el cuadrante suroccidental de Europa.
Rodeada de
infranqueables macizos montañosos, Cratia es una de las mayores
productoras de mineral de rubinio, tanto por la cantidad de mineral
como por su extraordinaria pureza. El clima de la Región, debido
a su relativa suavidad y escasez de precipitaciones, hacen de esta provincia
una de las más visitadas por los ciudadanos dinásticos (civis)
en busca de esparcimiento y relax. Son famosos entre los civis más
aguerridos los Juegos de Sangre, versión en vivo de los tradicionales
Wargames jugados desde la antigüedad, sólo que aquí
los soldados no son de plomo. A la espectacularidad y realismo de estos
juegos contribuye enormemente la irreconciliable rivalidad entre los gobernantes
de las principales ciudades-estado de la provincia: Cratia, Tilsit y, en
menor medida, Irania.
Cratia,
la capital, vive agazapada dentro de sus propias defensas naturales. Una
caldera de escarpadas pendientes la proteje desde cualquier punto excepto
por el este, lugar por el que desagua el caudaloso Río Negro. En
este lugar, justo tras la desaparición momentánea bajo tierra
de este río que resurge entre las frondas del Bosque del Agua, se
alza el Sitial de La Doncella, una fortaleza de piedra construida
tanto para el establecimiento de una guarnición permanente, como
para el control del tráfico de mercancías y personas entre
la capital y el resto de la provincia.
Puedes
hacer un vuelo rasante dentro de los farallones de la ciudad con
el siguiente vídeo:
.
Tilsit
está situada en el borde occidental de Cratia, muy cerca de los
farallones que rodean a la capital. Su situación y el carácter beligerante
de sus gobernantes han hecho de esta ciudad la principal amenaza a la hegemonía
de Glatior en toda la región. Garax, gobernador de Tilsit desde
los quince años, sostiene con aquel una larvada animadversión
que tuvo en su origen en una cuestión de influencias no resuelta
de manera satisfactoria por ambas partes.
Mientras
que Cratia se ve respaldada por fuertes alianzas con poblaciones limítrofes
como Calehb, Senem o Litria; aldeas como Ilenia, Valenia o Gémina,
mantienen más cerca de Tilsit sus intereses. Sin embargo, no fueron
éstas las responsables de dicha tirantez, sino la manifiesta indecisión
de Ilipa Minor y, sobre todo, Larash a la hora de decantarse decididamente
por uno u otro apoyo.
La
tendencia de Tilsit a expandirse hacia el este se debe en gran medida a
la pobreza del terreno sobre el que se asienta, decididamente desértico
en torno a Valenia. El carácter hostil e inhóspito de la
tierra tiene su reflejo en la extrema suspicacia de sus habitantes, que
tratan con desprecio a todo extranjero que pise sus dominios.
No
sería extraño que, bajo ciertos estímulos externos,
este resentimiento se llegue a transformar en una guerra abierta contra
Cratia. En cualquier caso, y mientras se mantuviera el aporte de rubinio
y niños al Templo, esta posibilidad no quitará el sueño
a Túmenox y su Legión.
Frente
a la aridez de Tilsit y al aislamiento de Cratia, encontramos hacia
el sureste una ciudad prendada de sí misma. Irania hace suyos los
encantos de una naturaleza exuberante y los deseos hechos piedra de una
gobernadora tan sensual y seductora como el marco que la rodea.
Las
calles de Irania serpentean entre la hierba fresca como Íleo lo
hace entre Garax y Glatior. Su equidistancia permanente y su deseo de preservar
la independencia y el esplendor de Irania son más poderosos que
sus ambiciones territoriales.
Bajo
la influencia de Irania encontramos poblados y aldeas como Radila y Lurak.
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